No se trata de el título de una novela romántica. Son las palabras que me vienen a la cabeza después de asistir al estreno mundial de la segunda y -hasta el momento- última ópera, Adriana Mater, de la compositora finlandesa Kaija Saariaho (1952) que tuvo lugar en la Opéra National de Paris, sala Bastille, la noche del 4 de abril de 2006, en presencia de un lleno absoluto y poco frecuente en obras nuevas. El estreno estaba previsto para el jueves día 30 de marzo, pero la crisis social -algunos, tal vez con razón, dicen que es gubernamental- que ha vivido París en el último año, y que se manifiesta bajo distintas formas de oposición, obligó a cancelar la representación después de intensas negociaciones entre el teatro y algunos de los responsables del evento.
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