Un programa que no sirve por equivocación advertida a última hora. Lástima, porque la suite de Shostacovich basada en los sonetos de Miguel Ángel dista de ser número habitual o conocido en los conciertos de cámara. Yo, al menos, no las tengo en el oído aunque las haya escuchado -nunca las once piezas del opus 145 en su integridad- y lamenté no saber ruso. Pero fue el principal aporte del magnífico barítono siberiano, siempre con una figura gallarda que predispone en su favor, y hay que reconocer que, con partitura delante, demostró no sólo que puede hacer algo diferente, sino que quiere y puede hacerlo. Su voz sonó gloriosa, más oscura que otras veces, de una sola pieza del agudo al grave y, por los gestos, sobre todo faciales (no es muy proclive a la extroversión), y la intención en el decir y los matices en el canto pareció…
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