Tras el Mahler, Prokofiev, Brahms y Shostakovich de las últimas semanas, la Orquesta Sinfónica de Chicago se vio reducida a proporciones casi camerísticas bajo la batuta de Frans Brüggen, para interpretar con éxito un programa en el que dos de las tres obras presentadas -la Suite de Rameau y la Cantata de Bach- eran “primeras veces”.
Con este concierto, el veterano director holandés, de 71 años de edad, debutaba al frente de la Sinfónica de Chicago. A pesar de su relativa inactividad en el podio, dirigiendo desde una posición sentada en una silla alta y con gestos escuetísimos, muchas veces sólo de la mano derecha, Brüggen supo transmitir a los músicos el ideal de sonido que debían conseguir a través de fraseos y articulaciones naturales, dosificación de la gama dinámica de matices y búsqueda del color orquestal mediante confrontación de…
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