Nunca me cansaré de loar las buenas orquestas, porque cada vez que las escucho renuevo mi admiración por un trabajo en grupo cuyo resultado sonoro deriva únicamente del esfuerzo intelectual y físico de un centenar de músicos -algo que no deja de sorprenderme en este siglo XXI dominado por la informática-. Qué quieren que les diga, de vez en cuando la vorágine de los tiempos actuales me hace temer por la supervivencia de esta especie colectiva humana, que desde hace ciento cincuenta años más o menos sobrevive en la forma como hoy la conocemos. Y, la verdad, prefiero que suba un metro el nivel del mar antes de imaginar un mundo sin orquestas.
La Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, en su cincuagésimo séptimo año de gloriosa historia, ha mantenido desde el primer día una calidad sobresaliente entre las centurias europeas. Eugen Jochum,…
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