Por una casualidad, me tocó ver en primer lugar el segundo reparto, en esta moda que se extiende de presentar una obra con dos casts alternativos. Lo único común fue la puesta y la dirección orquestal. La primera, como se desprende de la simple lectura de los factores que intervinieron, fue uno de los aspectos más costosos y novedosos del espectáculo. Y, como suele ocurrir bastante cuando está de por medio Gruber, resultó un espectáculo incoherente, con algunos momentos fuertes (sobre todo gracias a las luces), pero que no iba a ninguna parte de tantas que parecía tocar.
Por supuesto, el pueblo estaba formado por los marginales y marginados actuales con sus típicas bolsas y maletas, lo que no impedía el vestido casi folclórico de la ‘posadera’, o que al lado del ‘ortodoxo’ Pimen, el futuro falso Dimitri tuviera un hábito de franciscano,…
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