Reino Unido

Más sobrio, pero igualmente sensible

Agustín Blanco Bazán
Maxim Vengerov
Maxim Vengerov © Diago Mariotta Mendez | IDAGIO
Londres, jueves, 11 de mayo de 2006.
Sala de conciertos del Barbican. Maxim Vengerov (violín) Lilya Zilbertein (piano). W. A. Mozart, Adagio en mi mayor, K261. Ludwig van Beethoven, Sonata nº 7 en do menor op. 30 nº 2. Serguei Prokofiev, Sonata nº 1 in fa menor op. 80. Dimitri Shostakovich (arreglo para violín de Dmitri Tzinganov), preludios nº 2, 6, 12, 13, 17, 18, 19, 20 21 y 22, de los Veinticuatro preludios op. 34

¿Será consecuencia de su exploración en el repertorio barroco? Lo cierto es el arco de Vengerov es ahora más liviano que hace algunos años, pero en este caso liviandad no equivale a falta de intensidad, sino todo lo contrario: el arco se deposita en las cuerdas con sobriedad, precisión sonora y sobre todo sin esos excesos tan comunes en quienes anteponen fogosidad a detalle. Y Vengerov no detalla con frialdad clínica como lo hacen algunos, sino con una sensibilidad profunda que le permite penetrar en los aspectos casi metafísicos de la obra que interpreta. Valga como ejemplo la moderación de vibrato en el 'Allegro con brio' de la Sonata en do menor de Beethoven. Vibrato, sí, pero en el justo medio y al servicio de la melodía. En la misma obra los rubatti del 'Adagio cantabile' fueron cautivantes porque la falta de ángulos y la morbidez…

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