La Italia de la segunda mitad del siglo XX estaba dividida, en lo musical, en una serie de auténticos Reinos de Taifas; situación típica de un Estado que, fruto de su devenir histórico y de su heterogénea idiosincrasia cultural, ha dado al mundo una pléyade de grandes compositores escasamente ligados entre sí en lo estético, si bien con abundantes y documentadas relaciones personales. La generación de los Maderna, Nono, Berio, Donatoni o incluso Bussotti, es un claro ejemplo de ello; con unas propuestas que no llegaron a configurar núcleos artísticos tan definidos como los de Darmstadt, como el propio minimalismo norteamericano o corrientes tan compactas como la del espectralismo francés. Cualquier acercamiento a los compositores transalpinos de este período debe, por lo tanto, buscar la génesis de sus lenguajes y aportaciones más en su…
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