No quiero ser injusto y olvidar algún nombre esencial, pero en los últimos doce meses, bien en España o en el extranjero, he podido escuchar a algunas de las mejores voces femeninas del mundo (Gruberova, Zajick, Von Otter, Delunsch, Malfitano, Gheorghiu, Berganza, Orgonasova, Barcellona, Podles, Frittoli, Montague, Mac Fadden, Deshorties, Larmore, Devia, Roocroft, Meier-Topsoe, Gens, Marton), pero el recital de Barbara Bonney en Vigo no ha sido igualado por ninguna de ellas. No es que la norteamericana posea un instrumento superdotado -aunque no le falten virtudes-, pero lo que de verdad cautiva es su musicalidad y su fiel servicio a la partitura que en ningún momento se ve empañado por el más mínimo afán de protagonismo por parte de la diva. En Bonney, lo difícil parece fácil y la sencillez en la exposición de los lieder cantados es la…
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