Ariosto y Tasso fueron una cantera de metales preciosos para los libretistas y músicos del barroco, que empleaban una y otra vez los mismos materiales, los mismos personajes y, como en este caso, hasta el mismo libreto. Ariodante, que precede en pocos meses a Alcina, es una obra de madurez, muy apreciada por crítica y público, y contiene algunas de las arias más bellas de Haendel: ‘Scherza, infida’ al centro del segundo acto, o sea en el corazón de la obra es uno de esos momentos mágicos de los que el Sajón tenía el secreto, donde no tiene sentido hablar de extensión porque el tiempo se detiene simplemente para permitir uno de esos lamentos de un ser maltratado que la humanidad podrá exhibir en su defensa el día que le pidan cuentas por sus innumerables estupideces.
Pero, con todos sus valores, a mí Ariodante me interesa menos que su…
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