Menos mal que nos dio dos días para recuperarnos de las emociones de su concierto en el Palacio de la Ópera. Pese a todo, al entrar en el Rosalía, hubo quien se aseguró de que el personal sanitario de la Cruz Roja estaba en su sitio, que este Sokolov es capaz de matarnos de gusto cualquier día de éstos. Porque hay pocos intérpretes con la capacidad de transmisión de sentimientos y emociones que tiene el gran músico ruso.
La cosa empieza por la limpieza absoluta de su mecanismo y sigue por un fraseo portentoso. La claridad de las voces en Bach es como la de esas piscinas enormes en las que se entrenan los astronautas de la NASA para lograr el efecto de la ingravidez, donde dan la sensación de estar flotando en el aire. Sokolov logra la misma transparencia y similar impresión de ligereza, pero cuando quiere, dice: “aquí estoy yo” y nos…
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