Hace exactamente tres semanas me llevé un disgusto mayúsculo en París con esta ópera. Ahora, vuelto hace nada de Amsterdam, me siento a escribir que me he reencontrado con mi viejo amigo, el dogo de Génova y su entorno.
En tres semanas pasan muchas cosas en la vida de la gente (si pasan en un día…) y tal vez no fueron estas las mejores condiciones para volver a enfrentarse con ese monumento de la reconciliación, el poder, la muerte, la fama, el olvido, la piedad, el amor, el resentimiento, la codicia y la rigidez que es la obra que el testarudo Verdi volvió a proponer en una última vuelta a los dramas políticos y personales antes de hundir el escalpelo, con la ayuda de Shakespeare, en Otello y Falstaff. He enumerado sentimientos positivos, pero también negativos: "d’interminato pianto/fonte è l’umano cor" canta el irreductible e…
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