Los Preludios para piano de Claude Debussy (1862-1918) han sido objeto del deseo orquestador por parte de muchos autores. Tal vez porque el propio Debussy fue un maestro en el uso de la orquesta, y más de uno ha pensado en el contenido sinfónico de estas pequeñas pero intensas piezas que el autor sólo sugirió en la partitura para teclado. De modo que se lanzan como posesos sobre esta fantástica colección, como si sintieran la necesidad de completar un trabajo que Debussy hubiera dejado voluntariamente inacabado.
Abrió fuego (como en tantas otras cosas) Leopold Stokowski con su orquestación de La cathédrale engloutie; a partir de ahí siguieron Hans Henkemans o Hans Zender, y más recientemente el danés Niels Rosing-Schow o el israelí Gil Shohat (seguro que hay más), quienes se aplicaron también a la tarea, aunque siempre con piezas sueltas…
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