Un programa Poulenc es siempre bienvenido. Sobre todo porque habrá que darle antes o después el lugar que le corresponde en la música del siglo XX. Desde este punto de vista, la combinación de las tres obras (en la primera parte las dos ‘instrumentales’, en la segunda la ópera) permite oir la evolución del joven de entreguerras y de la atmósfera de los ballets rusos en París, al operista avezado que ya había estrenado su ‘gran’ contribución al género y que con esta última cerraba el ciclo.
Curioso que siendo Les biches las que nacieron como ballet moderno "a la manera de las Sílfides, como le pedía Diaghilev", no se les concediera más ‘adorno’ que la iluminación (que fue lo menos logrado del trabajo excelente cumplido en la velada por Maertens). Aubade, en cambio, concierto coreográfico para piano y orquesta reducida, tuvo coreografía y…
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