Mozart comenzó su Requiem K. 626 en 1791 y continuó trabajando en él hasta su muerte en diciembre. Para entonces sólo había concluido y orquestado en su totalidad el introito 'Requiem aeternam'. La mayoría de los manuscritos de las restantes partes contenían, sin embargo, las indicaciones esenciales suficientes como para permitir abordar una reconstrucción, hasta el 'Lacrimosa', cuyos ocho primeros compases constituyen las últimas notas que Mozart escribió antes de morir.
La viuda del compositor, Constanze, deseaba que el Requiem se acabara y fuera presentado al mundo como la última obra de su esposo. Para ello, entregó el manuscrito a Joseph Eybler, quien, aunque sí rellenó partes del borrador, no se atrevió a ir más allá de lo que el propio Mozart había sugerido. Tras pasar por varias manos, Constanze entregó finalmente el manuscrito a…
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