Por una vez, vale la pena leerse las notas a la carpetilla, que en este caso vienen firmadas por Zoltán Farkas: en ellas encontrarán ustedes una explicación tan extensa como amena, bien informada, mejor escrita y sobre todo con mucha perspectiva y no poca ironía, acerca de cómo discurrió el quehacer de Igor Stravinski en sus diferentes etapas. Lo cual resulta oportunísimo en un disco que presenta dos obras no demasiado separadas en el tiempo pero radicalmente distintas en estilo; y aún más cuando una de ellas es una composición de la que apenas existen registros disponibles.
Desde su estreno parisino en 1913 La consagración de la primavera no ha dejado de asombrar -a estas alturas creo que puede decirse unánimemente que para bien- a cuantos la han escuchado. Hasta tal punto que me atrevería a decir que el éxito de una interpretación de Le…
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