No exactamente. Al director Karl Böhm, de dilatadísima carrera musical —más o menos 60 años— se le suelen achacar características en su arte no muy positivas. Es decir, por lo general se habla, se escribe, sobre la calidad general de sus registros, pero es inevitable un "sin embargo", una mácula que parece haberse puesto de moda a la hora de juzgarlo: el de Graz fue siempre parco en imaginación, y en él prima la funcionalidad ante todo; aparte, como artista anclado en la gran tradición, su manera de interpretar el gran repertorio tiene algo de vetusta y polvorienta, superada.
Estas afirmaciones, lanzadas casi siempre con la alegría del que cree saber de lo que habla pero no sabe lo que dice, esconden un craso error, que nace indudablemente de tratar de comparar siempre unos maestros con otros, en vez de estudiar cómo realmente cada uno de…
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