Jean-Louis Grinda, director de la ópera de Wallonie y futuro de Montecarlo, ama y trata de volver a dar sus cartas de nobleza a una parte del repertorio que en Bélgica otros miran con sospecha, si no con desdén (y tan mal que hacen). Aunque en coproducción con Niza, el presupuesto para montar esta obra, tan amada por el público cuanto denostada por cierta crítica, tiene que ser elevadísimo…ya que se exigen seis voces mayúsculas (no sólo en volumen, que es lo que aquí, sin excepción, hubo…varias veces deseando que no se oyeran tanto).
Esta ópera, que nació cinco años después de la Aida verdiana y que es mucho más grand’opéra que ella, sin descuidar un aire más moderno y una apertura hacia el futuro que hace que algunas tesituras sean terribles, y la interpretación de pie a versiones y opiniones encontradas, requiere grandes cantantes y…
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