Crecí rodeado de tías y las quería a todas, pero había una tía favorita, la que jugaba al tenis conmigo y me derrotaba cuando era niño, la que era deportiva y siempre podía nadar más lejos que yo en el mar, que tenía sus idiosincrasias, que se vestía a la antigua y que a veces, especialmente cuando yo ya no era niño, estiraba la paciencia al máximo. Y sin embargo cuanto más avejentada y difícil estaba, más la quería, y cuando falleció en Buenos Aires yo ya estaba en Europa y me quedé pensando en ella durante largo tiempo. Siempre me acuerdo muy bien de ella y ya no me salen las lágrimas sino que me acuerdo de ella con una sonrisa por todas las cosas que hicimos juntos, los partidos de tenis, ir a comer pizza después de ir al cine, los kilómetros de natación en el mar contra las olas y tantas otras cosas.
El Covent Garden tenía una tía…
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