Provocativo, autoindulgente, descompensado, excéntrico, malhumorado, subversivo, rudo, agresivo, fluctuante, contundente, tosco, descarado, machacón, grave. Y algunas cosas más que deliberadamente dejo en el ciber-tintero. Harnoncourt es así, y hace gala de ello cada vez que tiene ocasión, se le ponga por delante la partitura que se le ponga: da igual si es Bruckner o Beethoven, Mozart o Brahms, Schubert o Dvorák (por no salir del repertorio sinfónico). Tampoco Joseph Haydn escapó a sus master classes, porque también en este caso don Nikolaus tenía que enseñarnos cuán equivocados estábamos respecto de sus sinfonías, y cuál es el modo ‘auténtico’ de tocarlas.
Así, según Harnoncourt, el tiempo lento de la Sinfonía nº 93 debe darse sin respiración y cojeando; la penúltima variación de La ‘Sorpresa’, en fortissimo desabrido, ha de recordarnos…
Comentarios