De vez en cuando aparece un CD que te sorprende, que te toma desprevenido. Éste es uno de ellos. Dos violinistas húngaros, un hombre y una mujer, ambos jóvenes, cuyos nombres jamás habíamos oído pronunciar, tocan obras de Bartók. Kelemen asume la parte difícil, Kokas la más fácil, pero se advierte que los dos son excelentes músicos, y nos ofrecen una fiesta para los oídos. Ambos han sido formados en Hungría, y constituyen un elocuente ejemplo del trabajo serio que allí se realiza. Además tocan música de su tierra, y lo hacen de forma superlativa.
En primer lugar comentaré la Sonata para violín solo. Bartók había emigrado a los EE.UU. en 1940, en tiempos de guerra. Esto trajo aparejado que muchos músicos europeos -entre ellos el violinista Yehudi Menuhin- visitaran aquel país con mayor frecuencia para dar conciertos. Y fue así que Menuhin…
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