En un artículo de referencia sobre Lorraine Hunt Lieberson aparecido el 1 de mayo del 2004 en The New Yorker, Charles Michener describe a esta vital y luminosa californiana como “the soul singer”, la cantante del alma, y narra las estaciones de una vida indómita donde Teodora, Dido, Donna Elvira y Melisande vinieron después de un trashumar artístico que incluyó desde bailar a Harry Belafonte en la intimidad de su cuarto de niña hasta la Golde de El violinista en el tejado.
“¡Que bella es!” exclamó su futuro marido al escuchar su voz en una grabación, y,…sí, es factible que de Lorraine Hunt se haya enamorado sólo por su voz. “Tiene usted una de las voces mas bellas que he escuchado jamás. ¿Quien es usted?” le preguntó Charles Michener luego de oírle unas canciones de amor españolas en casa de Leonard Bernstein. “Soy violista” le contestó…
Comentarios