La enorme discografía de Sviatoslav Richter nunca parece suficiente: cualquier reedición, cualquier descubrimiento, sobre todo si hablamos de los años en que el genio aún no se había prodigado mucho por el "mundo occidental", es acogida con evidentes dosis de entusiasmo, no sólo por sus más acérrimos admiradores, sino por cualquiera que sepa apreciar esta indiscutible cumbre en la interpretación pianística del siglo XX.
Mantiene además la década de los últimos cuarenta y los primeros cincuenta, cuando hablamos del ucraniano, esa especie de halo misterioso, cerrado, que en su época muchas veces ya hacía famosos a los intérpretes antes de ser conocidos tras el telón de acero (recordemos el caso de Lazar Berman, pianista "diabólico" cuya fama se extendió como un reguero de pólvora antes de que diera conciertos entre los que ya se asombraban…
Comentarios