“Siempre tuve dificultades para tratar con este hombre de talento original y ardiente, pero también de la más increíble vanidad, puesta de manifiesto de la peor manera posible con ese carácter desconfiado, tan polaco.” Quien habla es Richard Wagner y el objeto de sus invectivas es Karol Jozef Lipinski (Lublin, 1790-Urlow, 1861), quien durante veinte años, entre 1839 y 1859, sirvió como concertino en la orquesta de la corte de Dresde; y quien lo cuenta es Eckhardt van der Hoogen en sus -de nuevo- tan extensas como bien escritas y mejor informadas notas de la carpetilla de este precioso compacto.
Según parece, Lipinski le discutía al maestro alguna cuestión de interpretación, y eso Wagner no lo toleraba. El caso es que la música del polaco refleja cualquier cosa menos vanidad; al menos, vanidad al estilo de Paganini, porque Lipinski estaba…
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