¿Cómo le gusta a usted que le sirvan las sinfonías de Mozart? ¿Sencillas y sin guarniciones ni salsas? ¿Apenas cocidas, pero que mantengan la elegancia de la forma original de donde fueron cortadas antes de ser servidas? ¿Cómo una trucha blau -como dicen en Alemania- y que se refiere a ser presentada al cliente cocida al vapor, con la cabeza intacta, mirando y culpando al comensal por lo que está por hacer?
Pues he aquí que ese es el sonido al que estamos acostumbrados, porque la influencia de Viena y subsiguientes presentan al compositor salzburgués como un reflejo de su época y con los ingredientes de su época, la elegancia visual y sonora, la delicadeza del sonido, la proporción medida entre secciones, casi podríamos decir que es una reproducción de la época a través del sonido. Nadie puede imaginarse al escuchar una sinfonía de Mozart…
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