Parece como si el bohemio Josef Suk (Krecovice, 1874 – Benesov, 1935) se hubiera quedado en tierra de nadie, a medio camino entre su suegro Antonín Dvorák y Bohuslav Martinu, y que por eso su música no se toca demasiado. Y parece que sólo hubiera empezado a componer en 1905, tras la muerte de su mujer, Otilieen Dvorák; pero resulta que este hombre también se dedicó a la interpretación –fue uno de los grandes violinistas de su época-, y a la enseñanza –en el conservatorio de Praga-. El caso es que sus obras más notables –los cuatro poemas sinfónicos Asrael, Un cuento de verano, Madurez y Epílogo- fueron todas escritas tras aquel desgraciado suceso (acontecido, por cierto, sólo unos meses después del fallecimiento de Antonin Dvorák, su suegro y maestro, a quien Suk adoraba), y que vale la pena conocerlas.
Dejo para otros analizar cuánto de…
Comentarios