Naturalmente, empezar una temporada con un título que se había dado por última vez, en francés, en 1970, es uno de esas ‘osadías’ que tan bien resumen la labor de Jean-Louis Grinda al frente de la casa que dejará dentro de un año.
Es siempre necesario apoyar las obras que menos se han impuesto de un gran autor, sobre todo cuando, además de la curiosidad o la ‘novedad’, tienen valores innegables como esta Arabella, a la que tan mal le ha hecho siempre la comparación con el Rosenkavalier. Son bien distintas, aunque personalmente esta puesta procedente de Toulouse no me haya convencido en absoluto. Además de presentar una fiesta con elementos de gran elegancia y de carnaval de feria, con una ‘Fiakermilli’ que parecía ejercer una de las profesiones más antiguas del mundo, la obra empieza, antes que la propia música, con dos prostitutas y un…
Comentarios