Si, así se la pasó el pobre Sir Colin en los dos conciertos inaugurales de la temporada de la Sinfónica de Londres. Entre un joven pianista cuya idiosincrasia desconoce el imperativo de dialogar con la orquesta y el consuelo de la trascendental plenitud del compositor nacional de Finlandia.
El Concierto de Schumann mostró un Davis falto del panache y la exacerbación asertiva de un Karajan, algo que hubiera sido necesario para contrarrestar la obsesiva marcación de un Kissin desbordante en virtuosismo. “No puedo escribir para virtuosos. Debo iluminar otros aspectos” escribó Schumann a Clara en 1841, y es poesía, mas que virtuosismo, lo que se espera del 'Allegro affettuoso'. Sí: “affetuoso”. Recuérdese como hilaban Lipatti, o en un estilo diferente, Arrau, la sección de paso a la cadenza. Las cadenzas deben siempre exacerbar expresivamente…
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