No creo que haya siquiera un lector de Mundoclásico (y ni que hablar de quienes escribimos para el sitio) que no haya pensado al menos una vez en dirigir en el baño -eso es aparte de cantar como Plácido Domingo- o en el auto, o cuando escucha una obra tan conocida como la Obertura 1812 de Chaicovsqui, o cuando está cortando el césped en su jardín, o en la cocina preparando algún manjar delicioso para su esposa o novia: el ritmo es algo que tenemos muy metido adentro y tiene que salir de adentro como una expresión clásica, o sea, como si nuestra mano fuese una batuta.
Pero las cosas se complican cuando se llega a ritmos cruzados, o a ritmos compuestos, o a cambios de ritmos espeluznantes y allí se pierde el ritmo, ni siquiera se sabe donde está la batuta fuerte, pero cualquiera puede dirigir la 'Marcha Triunfal' de Aída, ¿no es cierto?
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