Al levantarse el telón descubrimos el vestíbulo de un hotel: a la izquierda la recepción, en el centro y a la derecha dos ascensores. Leporello es el recepcionista. Golpetea rítmicamente una campanilla mientras canta “note e giorno faticar”. Don Giovanni, dueño del hotel, se ha metido en una habitación con el propósito de “conquistar” una dama (Donna Anna). Esta logra escabullirse y Don Giovanni la persigue hasta que se presenta el Comendador, padre de la dama en cuestión. Para salvar el honor de su hija lo reta a duelo a Don Giovanni. Dos espadas colgadas de la pared, en guisa de adorno, son las armas usadas en esta desigual contienda cuyo fatal desenlace el público ya conoce.
Ambientar Don Giovanni en la actualidad, y no en tiempos históricos, es una opción no sólo aceptable sino acertada. Esta es la opción que adoptó Keith Warner, el…
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