En el pasado número del mes de octubre de la revista Gramophone, Jos van Immerseel justificaba su selección de instrumentos de época para hacer una grabación de los greatest hits de Maurice Ravel, argumentando que es tan vertiginosa la evolución en la interpretación musical que "para mí, la música antigua se acaba ayer". Hombre, más que un argumento, eso parece una excusa comercial -absolutamente legítima, por supuesto- para ampliar el repertorio de su homónima banda; pero, por otra parte, la modestia de su exposición conlleva a reconocerle su falta de pretensión de hacer comulgar a nadie con ruedas de molino (al contrario que Roger Norrington, que lleva ni se sabe cuántos años haciendo el papel de la voz que clama en el desierto).
Este disco hay que tomarlo, pues, como una apuesta personalísima de Immerseel que en ningún caso ambiciona…
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