Pues sí. Resulta que Jules Massenet encontró tiempo entre ópera y ópera para hacer en 1900 un Concierto para piano y orquesta, pieza infrecuente donde las haya. Y más que agradable de oír. Dividido en los clásicos tres movimientos, en su media hora de duración hay aquí una escritura que, aun anclada claramente en el XIX, suena siempre fresca y liviana, muy ‘à la Saint-Saëns’ -que en este caso es casi como decir Mendelssohn- aunque sin llegar ni a su virtuosismo instrumental ni a su refinamiento orquestal. A destacar el delicioso episodio con el solo de violín en el primer tiempo, el carácter dramático del segundo, y la ligereza bailable del ‘finale’; y también, extrañamente, la imposibilidad de recordar ninguna de sus melodías. Tampoco es plato habitual el poema sinfónico Les Djinns, que César Franck escribió en 1884 para la Societé…
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