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La música refleja la trascendencia, permite acercarse a Dios y se transforma en un poderoso medio de apostolado: son rasgos de la sublimidad de la música que constata el cardenal arzobispo de Río de Janeiro, Eusébio Scheid, en un artículo que publica el diario
'Zenit'.
De hecho, "la Iglesia católica la utiliza mucho en las celebraciones", explica el arzobispo. En un artículo enviado a Zenit, el purpurado recuerda que "tenemos también, entre nuestros compositores populares, validísimos predicadores de la Palabra cantada, que desarrollan una excelente obra de evangelización a través de la música".
Pero se trata "de un campo que requiere una atención constante -advierte- en el sentido de que jamás se debe abdicar de la calidad, porque la música mediocre, con palabras banales o hasta erróneas, no evangeliza a nadie"; "como mucho, se convierte en un medio de distracción superficial".
Subraya el purpurado que "la sublimidad de la música refleja la trascendencia que, entre todas las criaturas, sólo el ser humano es capaz de desear, porque ha sido creado para esto por Dios".
Y él "es armonía plena", sin disonancias; "nosotros formamos parte de un gran concierto universal, dirigido por el Divino Director", escribe el cardenal. De Dios, armonía "plena, perfecta", "los grandes músicos logran sacar la inspiración, traduciendo en sus composiciones algo de la Perfección Infinita", reconoce. En efecto, según el purpurado, muchos de los compositores geniales de la historia destacan también en la música sacra.
Y admite su expectativa: "En el cielo oiremos mucha música: más sublime, más extraordinaria que cualquier música que conozcamos, divina... Será una de las expresiones de nuestra felicidad plena, en la comunión eterna con Dios".
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