Mucho se ha escrito -y se seguirá escribiendo- sobre los últimos cuartetos de cuerdas escritos por Beethoven, porque llevan el arte de la composición musical a su máximo exponente: la concreción de ideas y la síntesis sonora requieren del compositor un dominio total y si, dentro de estas limitaciones, se es capaz de crear monumentos trascendentales como estos cuartetos, se ha alcanzado la cima. Sin duda Beethoven lo logró con estas obras escritas en su madurez. Es un acierto, no obstante, que se haya incluido en esta colección el Cuarteto op 95, del año 1810, porque ilustra bien hasta dónde había llegado el compositor quince años antes, y la distancia recorrida desde entonces hasta emprender en 1824/6 la composición de aquellos cinco cuartetos, que son, sin duda, la coronación de su carrera. Para aclarar este concepto, resulta…
Comentarios