Debo decir de entrada que este cedé me entusiasmó. Creo que es la mejor grabación de violín y piano que he escuchado en los últimos 20 años, o más. Evidentemente, el hecho de que la pianista sea también la productora del disco habrá influido en todo ello. El piano suena con tal calidad -variación de matices, sonoridad gloriosa- que en manos de la reconocida pianista francesa se producen muchos momentos mágicos, de esos momentos tan enigmáticos cuando la música te embarga los sentidos. Oso decir que difícilmente pueda lograrse este milagro en vivo, en una sala de conciertos, a menos que haya condiciones acústicas ideales, y silencio total. Y si a todo ello se agrega el arte de la Mullova, que con su proverbial modestia no pretende ningún protagonismo, la cosa sale redonda. No podría decirse en este caso que el piano acompaña al violín: el…
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