El segundo concierto de la Orquesta Filarmónica de Helsinki y su director, el más que simpático Michael Shoenwandt, siguió los mismos derroteros que el primero: buenas interpretaciones en un tono más festivo que intelectual, recordándonos que la primera función de la música es ayudar a la gente a pasar un buen rato. Y para ello nada mejor que Le boeuf sur le toit de Darius Milhaud, una obra estructurada en torno a los coloristas y sugerentes ritmos brasileños que le costaron al Festival de Música más de veinte años para llevar al escenario, ante tanta orquesta y director estrechos de miras que ponían mala cara cuando se les proponía interpretarla. Ellos se la pierden, porque la obra bien merece programarse, tanto por lo que ya hemos dicho de su aspecto lúdico como sus valores intrínsecamente musicales, que son muchos.Menos presentación…
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