La noticia de la mala salud del maestro Rostropovich ha recorrido todo el mundo. Pocos músicos han gozado de tanta fama, porque su figura representa no solamente la de un famoso violonchelista, pianista o director de orquesta: trasciende más allá, al campo de las relaciones humanas, de la política internacional y, en definitiva, de la libertad de expresión. Él fue un defensor a ultranza de esa libertad, al tomar partido por el novelista Solzhenitsyn en la entonces URSS de los años 1970, y ello finalmente le costó su nacionalidad y se tuvo que ir de su país natal. Mientras tanto, todo esto se ha reparado -faltaría más- y su vuelta a su patria fue toda una marcha de triunfo de la razón sobre la sinrazón.Rostropovich, o Slava, como lo llaman sus amigos, nació en 1927 en Baku. Su nombre empezó a sonar a partir de los años 1950; debutó en…
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