Ya decía Malcolm MacDonald que el Concierto para violín, violonchelo y orquesta de Johannes Brahms debía estar catalogado entre las obras vocales del compositor alemán, y más concretamente como su única ópera. Tal era, en su opinión, "la auténtica continuidad de la temática amorosa" en la que los instrumentos solistas "emergen como los protagonistas masculinos y femeninos". A los hermanos Renaud y Gautier Capuçon les correspondió el papel de amantes, y se lo tomaron bastante al pie de la letra, dedicándose a flirtear todo el rato sin apenas hacer caso a lo que sucedía a sus espaldas. Tampoco a su lateral, donde Semyon Bychkov, haciendo de carabina, dejó que los amantes se dieran la mano y hasta se besaran en la mejilla. Gente habrá a la que le guste más Brahms en las versiones de los Oistrakh-Rostropovich, y entre ellos me incluyo. Los…
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