Al pobre de Felix Mendelssohn (1809-1847) se lo cargó el siglo XX, que con tanta saña desertó de todo lo que olía a sentimentalismo y sobre todo condenó todo aquello que no se expresara en unos términos hiperdramáticos a través de una orquesta gigantesca. Por si la cosa no cuajaba, Richard Wagner se encargó de dejar por escrito que Felix era un memo que no merecía especial consideración. Y encima judío. Con semejante cuadro parece un milagro que su música se siga interpretando hoy día, pero los intelectuales olvidan con frecuencia que quien paga las entradas y sostienen gran parte de los entramados culturales es el público. Y al menos en Gran Canaria, a la gente le gusta Mendelssoh y huye de Wagner. Por cosas como estas no es raro encontrar críticos que hasta perdonan la vida a Mendelssohn salvando su 'Sinfonía número 4' como un mero…
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