Me temo que voy a ser políticamente incorrecto y, además, voy a manifestar una opinión contraria a la última nota editorial de esta publicación. No sólo me parece que Thielemann tiene derecho a enfadarse por las toses, sino que cualquier artista, bisoño, mediocre o famoso lo tiene. Que no se arruinara este recital se debió a la sangre fría de los artistas y a su decisión de hacer música por encima de todo y con mayúsculas. Personalmente lo agradezco, pero habría encontrado justificadísimo que a la mitad de la primera parte dijeran “hasta aquí hemos llegado”. Alguna vez alguien deberá hacerlo aunque se le echen encima los ‘demócratas’ al grito de “divo”.
En los teatros se pide al respetable que por respeto a sí mismo y a los artistas (el orden debería ser el inverso) desconecten los teléfonos móviles. Infaliblemente suena alguno. Esta vez…
Comentarios