Es cierto que cuando suspenden una ópera en mitad de su desarrollo resulta difícil escribir una crítica sin que la desilusión nuble la objetividad que nos debe caracterizar, de ahí que hayamos dejado reposar este texto, en aras de que la exposición de lo acontecido fuese lo más objetiva posible.En esta función los obstáculos comenzaron cuando al público se nos informó—con una sala absolutamente abarrotada y múltiples cámaras para su grabación—de que el joven barítono francés Stéphane Degout (Orfeo) se encontraba sin voz, esperando el milagroso efecto de unas medicinas que, por la confianza depositada, debían ser algo así como el spray que administran a los futbolistas pero en versión otorrinolaringológica, y en las que, particularmente, no tenía puesta esperanza alguna, sobre todo sabiendo de antemano el duro 'partido' que tenía que…
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