Esas cuatro palabras, efusivamente pronunciadas, fueron las primeras que escuché tras la muerte del muñeco Petrushka y la aparición de su espectro sobre el tejado del teatrillo de marionetas. No pude llegar a escuchar la contestación de la tal Piluchi, pero me da en la nariz que también le debió de gustar mucho todo, tanto a ella como a la inmensa mayoría del público que se había reunido en el Kursaal para escuchar a la Orquesta Sinfónica de Euskadi interpretar el ballet ruso. A este mismo público en cambio, no le gustó nada el Intermedio de Kiu del compositor bilbaíno Luis de Pablo, ya que solo agradeció su interpretación con 14 segundos de aplausos –cronometrados por un servidor-. ¿Será porque la obra es mala o por que el público es ignorante? No sabría contestar, solo puedo decir que hace un mes escaso este mismo público aplaudió…
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