Es la segunda vez que me pregunto por el sentido de algunos programas desde estas páginas a distancia de tres meses, pero no puedo evitarlo, más aún cuando en la misma velada un concierto da la sensación, tras la pausa, de ser dos, y bien distintos. Polivalencia, dirán ustedes. Pues será eso, pero personalmente prefiero los programas con un hilo conductor, que encuentro difícil de seguir en esta ocasión.
La primera parte la llenó el Concierto Emperador, el más célebre de los compuestos por Beethoven para piano y orquesta. Desde el primer momento quedó claro que tanto Jurowski como Siirala apostaban por realzar la espectacularidad de las sonoridades que que el compositor de Bonn imaginó en su exploración particular, si bien cada uno de manera diferente. Aunque por mi posición no podía ver las manos del pianista (¡ay!), el sonido llegaba…
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