Un concierto dedicado a la música de Wagner es casi siempre una empresa arriesgada, particularmente si no se limita a piezas puramente orquestales. La descontextualización en estos casos es doble: por una parte, casi no hay ningún fragmento operístico del compositor sajón que pueda separarse fácilmente del conjunto de la ópera de la que forma parte y que se deje interpretar como ‘número’ musical suelto, sobre todo si procede de su período de madurez; por otra, la falta del elemento escénico priva a la música de un punto de apoyo fundamental y previsto desde el momento en que fue escrita. En el concierto que nos ocupa estos déficits fueron mitigados por una interpretación orquestal de gran calidad, que sin embargo no bastó para dar unidad a la velada y hacer olvidar el carácter demasiado fragmentario de las páginas en programa, hasta el…
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