Esta ópera inauguró en 1875 el actual Palais Garnier. Fue una favorita desde su estreno hasta 1934. Ahora hace su aparición en la Bastille. ¿Por qué? Pasó de moda: su estética no resulta muy políticamente correcta, y no hay cantantes. Todo eso probablemente. También es cierto que, con discreta fortuna, últimamente se ha presentado en Viena, Nueva York (dos de sus antiguos feudos), Venecia, en concierto en Londres, ahora aquí, y en breve esta coproducción pasará a Amsterdam. ¿Por qué se la recibe bien o con interés si todo lo anterior es cierto y no sobran cantantes para interpretarla? Estas representaciones han sido posibles con el apoyo excepcional de un particular (Mme Georges Meyer) y se ha aprovechado el evento para publicar una versión revisada de la partitura, para cuya edición han sumado fuerzas Musica Gallica (encargada de editar…
Comentarios