Me arriesgaré a ser un poco narcisista y empezaré esta crítica con una anécdota personal. Hace unas semanas estaba dando una clase sobre las sinfonías de Gustav Mahler a mis estudiantes de Oxford. Todos estaban de acuerdo en que la Quinta de Mahler es una “obra cursi”. Tras una breve discusión, sin embargo, se dieron cuenta de que esta “cursilería” puede ser el resultado de que la asociemos a Muerte en Venecia, una película que calificaron como “aburrida y pasada de moda”. Si hubiesen escuchado la versión que David Zinman ofreció de la más famosa sinfonía de Mahler, no la habría calificado como cursi. ¿Pero qué es lo que habrían dicho?
Al final de los dos primeros movimientos, estaba claro que Zinman estaba dirigiendo una versión extrema de la obra. No intentó reconciliar los momentos lentos con los rápidos, los piani y los forti. Pareció…
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