La crítica realizada por mi colega Alfredo López-Vivié al concierto que la Sinfónica de Londres dio el pasado 28 de mayo en Barcelona [ver crítica] es el mejor preludio para ésta, que comenta el que, sólo un día antes, la misma formación dio en Lisboa.
El programa empezó en belleza con la cuarta de las Danzas Eslavas op. 72 de Antonin Dvořák. De la mano del compositor checo nos introducimos en los fantásticos ambientes y paisajes que sólo una orquesta con el esplendor de la Sinfónica de Londres y un maestro tan sensible a la creación de imágenes sonoras como es Daniel Harding puede crear. Como se sabe, es una dumka, cuyo carácter melancólico y un tanto legendario supo recrear a la perfección. Harding se aprovechó de toda la sutileza rítmica y agógica que Dvořák expone en sus partituras, una cosa que no todos los intérpretes de nuestra…
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