Uno de los títulos más bellos de Verdi, al que muchos le otorgan -sobre Don Carlos- la aparente sencillez, sus extremas dificultades y el inicio de la etapa madura del autor. No tiene sentido ponernos en ese plan. Ballo es una gran obra por sí misma, aunque uno extrañe verla menos frecuentemente que su más compleja hermana. Bien se lo merecería, pero es que no es fácil, nada fácil, hacer esta ópera.
Y las ocasiones de verla escasean. Con razón. No es sólo que Marcelo Álvarez se haya enfermado para las cuatro primeras representaciones (uno no puede programar nada con tanta cancelación, sustitución, con o sin motivo que sea) y que los ‘Ricardos’ no florecen precisamente en ramilletes (nunca lo han hecho). Desde el preludio, lirismo, amenaza y una cortesía irónica, que tendrá en ‘Oscar’ su expresión máxima (¿cuántos roles más en ‘travesti’…
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