Cuando con puntualidad y precisión en octubre de 2006 la asociación de ópera Buenos Aires Lírica presentó su temporada 2007 y nos encontramos con la novedad de que abordaría una obra de Richard Wagner, las expectativas positivas y negativas se multiplicaron.
Entre ellas se entremezclaban la posibilidad de volver a disfrutar del compositor alemán relegado de nuestras carteleras tras las últimas crisis económicas y políticas, la oportunidad y el riesgo de presentar una obra de Wagner por un emprendimiento privado luego de décadas de no ser así, aunar un elenco totalmente latinoamericano, ofrecer El Holandés Errante en un teatro con foso y escenario pequeño, contar con una batuta nacional que en algunos casos resultó adecuada y en otros anodina, encontrar la forma adecuada de presentar los buques en escena, volver a ofrecer una obra ‘grande’…
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