La vida musical porteña se ha vista literalmente invadida en estos últimos meses por las visitas de excelentes conjuntos foráneos, que han servido para resaltar aún más, si ello es posible, la pobreza y el abandono que sufre la actividad sinfónica local. La única orquesta de la capital con una programación coherente y atractiva es la Filarmónica de Buenos Aires, pero se ha pasado el año deambulando de sala en sala -todas con problemas acústicos- al no contar con sede propia (y la que está proyectada parece una verdadera tomadura de pelo por capacidad y ubicación), mientras la Sinfónica Nacional, en una de las etapas más aciagas de su larga trayectoria, casi no ofrece presentaciones públicas (y tampoco tiene un lugar estable donde realizarlas) y la Estable del Colón, en una de la temporadas más mezquinas de trabajo en muchísimo tiempo,…
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