La Opéra ya se había animado una vez a reponer esta famosa -con justicia- producción de la inmortal obra de Haendel. En aquel momento, por distintas razones que aquí no vienen al caso decidí no ir a competir con un recuerdo reciente y prácticamente inmejorable. Ahora han pasado algunos años y la idea de un fin de semana con dos producciones de Carsen y el señuelo de la música de Haendel hizo mella. Digo de inmediato dos cosas: se trató de una buena o algo más que estimable versión, que los que tuvimos la extraordinaria suerte de ver en su estreno podemos apreciar menos que los que llegan por primera vez o simplemente carecen de memoria o han decidido carecer de ella.
Carsen, como acabo de escribir [ver crítica], no obtuvo la unanimidad en su Tannhauser. Pocas, si alguna reserva, puede despertar esta maravillosa puesta en escena, que se…
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